Hace poco más de dos años, la mañana después del nacimiento de mi hijo en un hospital de Lower Manhattan, salí de la sala de maternidad para coger una llamada de una persona del departamento de recursos humanos de Blizzard. Era para un puesto editorial en el campo de los esports, vinculado en gran parte a la por entonces incipiente Overwatch League. Esa persona conocía mi situación y probablemente pensara que estaba loco por aceptar una llamada nada más nacer mi primer hijo. No obstante, ya ansiaba ese trabajo y así se lo confesé.

Unos días después, mi mujer y yo abandonamos por fin el hospital con nuestro hijo para volver a casa. Empecé la baja por paternidad compaginando la atención a un recién nacido, las partidas a un juego de mundo abierto que acababa de salir y el proceso de entrevistas con Blizzard. Menos de un mes después del nacimiento, me subí a un avión hacia Irvine, California, y conocí a muchos de los grupos en proceso de formación que se encargarían de crear la Overwatch League.

El día que nuestro hijo cumplió tres meses volví a montarme en un avión, solo que esta vez solo tenía billete de ida e iba acompañado por mi mujer y el pequeño. (Consejo avanzado para padres primerizos: no llevéis ropa que os importe mucho en un vuelo largo con un bebé de tres meses). Aterrizamos por la tarde en Long Beach y tuvimos nuestro primer contacto con el apacible calor veraniego del sur de California.

Me incorporé a Blizzard en el ajetreado periodo anterior al lanzamiento de la Overwatch League. A esas alturas, ya se habían anunciado siete grupos propietarios con sus correspondientes ciudades, y durante los meses siguientes anunciamos otras cinco, seguidas por los nombres y colores de los primeros equipos asociados a ciudades del mundo de los esports: los London Spitfire, los Shanghai Dragons, los Philadelphia Fusion y nueve franquicias más que pronto desarrollarían sus propias historias. Los populares hashtags de algunos equipos como #AcesHigh, #breakthrough y hasta #pdomjnate aún estaban por nacer por aquel entonces.

Tuvimos mucho jaleo con la BlizzCon 2017. Relanzamos el sitio web de la Overwatch League, y el comisionado fundador (y padre de dos hijos) Nate Nanzer se subió al escenario ataviado con una cazadora negra y naranja de la Overwatch League para desvelar oficialmente las marcas de los 12 equipos de la temporada inaugural, así como otros detalles sobre el lanzamiento de la liga.

Mi hijo tenía por entonces seis meses y estaba en casa con su madre. No tenía ni idea de lo que hacía yo. Tampoco estaban muy seguros mis propios padres, pero el modelo de equipos asociados a ciudades me sirvió para explicárselo. «Es como los equipos de los deportes, pero con videojuegos», le conté a mi padre. Para ser un hombre que me vio crecer jugando a videojuegos con mi hermano o a solas en mi cuarto, no tengo claro que le encontrase demasiado sentido, pero creía en mí, así que creyó en la liga.

Pasemos a un sábado de julio de 2018, durante las eliminatorias de la temporada inaugural de la Overwatch League. Llamé a mi padre y le dije: «Oye, pon ESPN en la tele ahora mismo».

«Vale —contestó, y oí cómo se encendía el televisor—. ¡Pero bueno...!».

Durante la temporada inaugural de la Overwatch League se repitieron muchos momentos similares entre padres e hijos de todo el mundo. De repente, algo que se había mantenido como una obsesión privada de las generaciones más jóvenes se mostraba ante el mundo de un modo que las anteriores podían entender (aunque no les gustase del todo, al menos de momento). Recuerdo una publicación en Facebook de un amigo mío, también padre de una joven y para nada aficionado a los videojuegos, durante un encuentro de las eliminatorias que se emitió en ESPN: «La Overwatch League es extraña, pero tiene algo adictivo», escribió. Fue ahí cuando supe que íbamos por buen camino.

Otro momento importante fue la primera gran final en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York, donde juegan los Nets de la NBA. Había regresado a mi ciudad natal adoptiva, donde viví durante 16 años antes de mudarme a California, para cubrir el evento acompañado por un equipo cada día más grande. Mientras paseaba por Atlantic Avenue hacia el recinto a la estela del DPS de los New York Excelsior Jong-Ryeol «Saebyeolbe» Park, descubrí con asombro que el pequeño grupo de personas que me precedía se dedicaba a cuchichear con entusiasmo sobre el dios de los DPS que caminaba delante de ellos con auriculares puestos. «¡Es él! ¡Es Saebyeolbe!».

Esa primera velada en el recinto fue una epifanía. Ya había asistido antes a grandes eventos de esports, como la IEM Katowice y, por supuesto, muchas largas jornadas en el Blizzard Arena Los Angeles, pero esto era otra cosa. Las gradas del Barclays Center estaban abarrotadas de gente de todas las edades, razas y géneros, y algunos bailaban en los pasillos —¡en serio!— antes de los duelos y durante los descansos. En mis tiempos viví muchos eventos deportivos importantes, pero jamás había formado parte de un público tan diverso y animado. Familias, niños, amigos y seguidores de otros estados y países se habían reunido allí para presenciar la coronación de los primeros campeones de la Overwatch League.

Durante un descanso, me dirigí a la parte baja del recinto para hablar con un antiguo jefe mío que había llevado allí a sus dos jóvenes hijos, fanáticos de la Overwatch League. Los chicos estaban alucinando y exhibían una sonrisa de oreja a oreja. Otro excompañero de trabajo había llevado a su sobrino. Mi hermano y su hijo, que juegan juntos a Overwatch (ambos jugadores acérrimos de Torbjörn; lo respeto), estaban viéndolo por la tele desde casa. Mi padre vio la redifusión de la gran final en el canal ABC al día siguiente. Los London Spitfire anularon a los Philadelphia Fusion en un épico duelo en King's Row para rematar la serie, y yo volé de vuelta a casa para reunirme con mi mujer y mi hijo con la sensación de formar parte de algo grandioso.

Avancemos ahora hasta la primera semana de la segunda fase de esta temporada. Estoy en casa viendo por Twitch cómo los Chengdu Hunters aplastan a los Paris Eternal por 4-0. Mi hijo, a un mes de cumplir los dos años, me acompaña en el sofá mientras el especialista en Hammond Menghan «Ameng» Ding ejecuta su rutina con Wrecking Ball. Entonces ocurre esto:

My nearly two-year-old son is watching #OWL2019 with me and keeps yelling “Ball!” whenever he sees a Hammond.

It’s pretty freaking cute. @overwatchleague

— Hunter Slaton (@hrslaton) April 6, 2019

Se me sale el corazón del pecho de puro orgullo.

Pero volvamos a mi padre. Hace mucho tiempo estábamos jugando con una pelota béisbol en un parque de Little Rock, Arkansas, donde yo crecí. Faltaba poco para el final del invierno, pero hacía buena temperatura. Por algún motivo, la pelota que usábamos era naranja fosforito, y un fotógrafo del periódico pasó por allí y pensó que era una buena metáfora sobre el comienzo de la nueva estación, como si estuviésemos lanzándonos el sol. La publicaron en el periódico, y todavía tengo en algún sitio una copia enmarcada de la página, que me dio mi padre. En la foto, voy vestido de una forma algo desacertada —creo recordar que mi madre le dijo esa mañana a mi padre que ya no deberían dejarme llevar mi tan querido como andrajoso polo en público—, pero eso solo contribuye a que el recuerdo sea aún más bonito.

Estoy deseando ver qué tipo de historias sobre Wrecking Ball se publican en los periódicos digitales del futuro para disfrute de todos los padres e hijos que conectan gracias a la Overwatch League. ¡Feliz Día del Padre!