Si le preguntáis a Matthew «Super» DeLisi cuál es su objetivo en la vida, responde de manera inmediata y con el tipo de convicción que cabe esperar de un chico de 19 años que compite con los mejores.

«Ganar. Es muy sencillo».

La confianza de Super es palpable, visible, al igual que un juego espectacular como tanque, que lo ha catapultado al debate sobre el MVP en esta recta final de la temporada 2019 de la Overwatch League. Fuera del juego, su actitud relajada y divertida oculta una madurez impresionante. Es una cualidad que necesitó para sobrevivir a la primera mitad de la temporada inaugural, un periodo que describe como «bastante frustrante», porque no tenía la edad requerida para jugar.

El año pasado, la estrategia de creación de la plantilla de los Shock giró en torno a los jóvenes talentos, con la mirada puesta en la competitividad a largo plazo, pero a Super le pasó factura emocional la espera en ocasiones. Trató de ver los entrenamientos y aportar su opinión, pero asegura que a veces se le hacía complicado.

«Era un poco como... Yo quería participar y hacer lo posible por ayudar, pero, evidentemente, no podía porque era demasiado joven —dice con un deje de frustración en la voz—. Fue cuestión de tener paciencia».

Mereció la pena cuando, al fin, llegó la tercera fase y pudo subirse al escenario por primera vez. Recuerda las prisas de la presentación —«los grandes túneles, las luces, los fans y todo eso»— y los nervios que lo siguieron hasta el primer mapa. También recuerda que se recompuso y ayudó a su equipo, como siempre había imaginado, para ganar en su debut.

«Fue emocionante», resume con una leve sonrisa.

Como «emocionante» se puede describir el año 2019, habida cuenta de cómo ha sido hasta ahora para Super y su equipo. Los Shock han alcanzado ambas finales de fase hasta el momento y son los actuales campeones de fase, además de hacer historia en la liga como el primer equipo que ha completado una fase perfecta, sin perder un solo mapa.

Todo un año de esfuerzo por fin ha dado sus frutos, y Super no podría estar más feliz con el trabajo de equipo que ha derivado en esos resultados. «Gran parte se debe a nuestro cuerpo técnico y a los cambios que realizamos en la pretemporada —explica—. Esta temporada empezamos a entrenar antes que muchos otros equipos, y creo que eso nos dio una gran ventaja con respecto a ellos. En ese aspecto, creo que es gratificante, porque el trabajo compensa y consigues logros».

Los Shock le han demostrado al mundo que van en serio, pese a que, al principio, los fans y algunos expertos creían que nunca serían capaces de derrotar a los mejores equipos de la liga, como los New York o los Vancouver. Por eso fue tan importante el triunfo en la segunda fase: los Shock vencieron sus miedos y se fortalecieron al mismo tiempo.

Para Super, la motivación venía de la derrota en la final de la primera fase contra los Vancouver. «Fue la primera vez que jugaba una serie de siete partidas que llegase hasta la última y tuviese tanta relevancia —dice—. Quedé muy decepcionado tras esa derrota, hasta el punto de llorar un poco. Después de llegar hasta allí y sentir lo que era perder... Seguramente fuera por eso que ganamos la segunda fase, porque no olvidamos lo que pasó la última vez y no queríamos que se repitiese».

En la tercera fase no se vio el mismo nivel de superioridad por parte de los Shock (ni de los Titans, de hecho), pero es evidente que el equipo sigue teniendo algo especial. Cuando le pregunto por la motivación del equipo y el funcionamiento de sus personalidades, Super me ofrece una respuesta sencilla:

«Para ser sincero, somos todos bastante estúpidos».

Esperad a que lo explique.

«Yo digo y hago muchas cosas estúpidas —añade sin el menor titubeo—. Sinatraa es un poco parecido, aunque algo distinto, supongo. ¿Cómo puedo explicar diferentes niveles de estupidez? No sé si soy capaz de hacerlo. Es un tipo de estupidez distinta».

Puede que «estupidez» no sea la palabra más adecuada: lo que Super describe se acerca más seguramente a la «tontería». Los Shock se toman las cosas en serio, pero no parecen tan abrumados emocionalmente por ese puro anhelo de ganar como otros equipos. Cuando la cosa se tuerce, explica Super, sus compañeros de equipo «son capaces de tomárselo con tranquilidad» y superarlo rápidamente. Ganar es importante, pero a Super le gusta divertirse haciéndolo, y él y sus compañeros parecen encajar a la perfección: son una gran familia de jugadores tontorrones.

Divertirse y competir es un sueño hecho realidad para Super, que hace tan solo un par de años estaba jugando a Overwatch de noche, haciendo ruido y molestando a sus padres. La única diferencia entre él y cualquier otro estudiante de secundaria era el nivel de competitividad.

«Jugaba en mi habitación y me quedaba hasta muy tarde algunas noches —comenta—. Mis padres se enfadaban conmigo y me decían que apagase el ordenador porque hacía demasiado ruido y todo eso. La verdad es que no les hacía mucho caso y seguía. Tampoco les decía lo que estaba haciendo. Simplemente, ellos pensaban que estaba pasando el rato con los videojuegos».

Ahora sus padres comprenden que era algo más y sintonizan Twitch habitualmente desde Filadelfia para seguir los encuentros de su hijo. Aunque Super ha podido contar con el apoyo de sus padres desde que firmó su primer contrato de esports, todavía le sorprende el cariño que recibe de los fans, tanto en internet como en persona. Pese a ser una de las mayores estrellas de la Overwatch League, parece que aún sigue digiriendo lo lejos que ha llegado en su carrera.

«Todavía no sé siquiera si puedo creérmelo —dice—. Es una locura que haya gente a la que le guste verme jugar y apoyarme gane o pierda; hasta ven mis retransmisiones y esas cosas. Estoy muy agradecido, porque nunca pensé que la gente me seguiría, ¿sabes?».

Esa es solo otra faceta del sueño de Super que se ha convertido en realidad: una vida que aún no parece real siquiera. No obstante, por muchas tonterías que haga, es muy maduro para tener 19 años, cosa que se pone de manifiesto en su gratitud hacia el juego, su carrera como jugador profesional y todos los retos y la diversión (y las estupideces) que conllevan.

Ha sido, en sus propias palabras, una bendición.

«Nunca pensé que podría hacer algo así, sobre todo porque no sabía lo que quería hacer después del instituto —explica—. No sabía qué carrera estudiar ni a qué universidad ir ni nada de eso. Y aquí estoy».

Aquí está. ¿Y su objetivo? Es sencillo: ganar.